La jerarquía escénica

No me canso de esta obertura de Peter Brook: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.” Y al reiterar esto solo confirmo, una vez más, mi angustia sobre cualquier aspecto de mi quehacer escénico, ¿por qué? Porque como el hambre, no hay saciedad que dure, y yo de teatro entiendo cada vez menos. Es decir, persiste la probabilidad de que entre tanta reiteración no entienda aún esta obertura, sin embargo y por obvias razones, me es imposible confirmar o desmentir dicha probabilidad. Así que supongamos que he observado lo que estoy a punto de escribir.

Me topé con estos elementos llamados “elementos estructurales del teatro” que se describen así:

  • Acción. Modo en que el discurso dramático se convierte en representación.
  • Tensión dramática. Capacidad de interesar al espectador respecto a lo que va a suceder.
  • Intriga. Conjunto de eventos que ocasionan la incertidumbre en la obra.
  • Personajes. Medios a través de los que se hace vivo y real la idea que se desea transcribir.
  • Guión teatral. Texto que se escribe para ser representado que se divide en actos y escenas.

Es preciso recordar que el enfoque principal de esta esquematización está en la enseñanza de esta esquematización para el análisis y no la ejecución del arte dramático. Sin embargo, sería ingenuo de mi parte confiar plenamente en los enfoques: formas incompletas de observación que luchan por su independencia. Lucha que dentro de las aulas es más intensa, quizá porque el miedo al fracaso no se considera un error, o porque aunada a esta pretensión de la totalidad ecléctica que supone la formación escolar (incluso en sus formas más nobles), a la necesidad de evaluar el desempeño de todos los involucrados, y a la permanente insuficiencia de recursos, los enfoques terminan por reflejar todo menos lo que suponen. Es decir: reflejar el aprendizaje se vuelve más importante que el aprendizaje mismo, concepto subjetivo, amorfo y elusivo que además del paso del tiempo, no se me ocurre que otra cosa pueda garantizar, y de eso tampoco estoy tan seguro.

Pero volviendo a los elementos estructurales, apelando más a mi experiencia práctica sobre un escenario que a la teórica, y en un ejercicio reflexivo arbitrario, me di a la tarea (como les di a mis alumnos la tarea) de jerarquizar dichos elementos.

RESUMEN DE OBVIEDADES:  Mi respuesta no será concluyente, como ninguna respuesta de este tipo lo será, se trata simplemente de un análisis licencioso con un solo objetivo: explorar -una vez más- las fronteras del arte dramático. En el caso de mis alumnos como primer acercamiento “formal”, en mi caso, como un acercamiento retrospectivo: ¿hasta qué punto dicha categorización de elementos es posible? Pues a manera de anécdota, cuando hablé de esto en clase hice mucho énfasis en la interdependencia de dichos elementos, y de forma más sutil, en su torpeza práctica: no es posible separar a un personaje de la tensión dramática que lo aqueja, por decir un ejemplo.

La acción es el eje desde donde se desprenden los demás elementos del teatro, que en su evolución orquestada por un guión -formal o empírico- rompe el orden universal de la ficción que la aqueja, desencadenando situaciones extraordinarias que hacen de los personajes involucrados seres ordinarios y desesperados, como cualquier ser humano que en pleno goce de conciencia, se siente superado por su circunstancia y no le queda más remedio que llegar hasta las últimas consecuencias de su actuar.

El párrafo anterior – más o menos afortunado- me lleva a mi primera intuición respecto a este hallazgo académico: la crisis estructural del teatro. Seguramente habrá quienes estén en desacuerdo conmigo, incluso yo también lo estoy por momentos, también habrá quienes identifiquen mis puntos ciegos en este reiterado descubrimiento y no podré desmentirlos, pues este es precisamente mi punto base: la teoría busca irremediablemente la ingenuidad, misma que no por llamarse igual se encierra entre los mismos cristales, es decir, hay teóricos tan audaces, que su ingenuidad es superior a nuestro más alto nivel de perspicacia (sí, suponiendo que podemos determinarlo, al menos claro, teóricamente). Y apelar a este enfoque intelectual para introducir a alguien por primera vez al arte dramático me parece no sólo terriblemente ingenuo, sino un síntoma más de la crisis que apunto: es más fácil hablar de cómo hablar de teatro que tomar un obra, leerla y decir lo primero que te venga a la cabeza.

En otras palabras: hay suficiente teoría teatral para ayudarnos a esquivar el teatro cuando pretendemos hablar de teatro, pero después de todo no puede ser tan grave, si ni siquiera sus jerarquías son de fiar.

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Acerca de Danielalgorozpe

Actor y Escritor. Editor en jefe de TrafficOnStage un blog para la promoción, crítica y difusión del teatro independiente.// Actor & Writer. Editor in Chief of TrafficOnStage, a blog for the theatre arts. Ver todas las entradas de Danielalgorozpe

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