La muerte niña

Tuve la oportunidad de presentar el 1 y 2 de noviembre una obra original que mezcla teatro y danza dentro del 6° Festival de Vida y Muerte Xcaret 2011 al lado de Isabel Aguerrebere y Mariana Vázquez Omaña, bailarinas queretanas necias y comprometidas,con quienes se puede trabajar muy agusto.

La obra en su totalidad fue hecha por los tres: trama, textos, coreografía, a lo largo de casi 8 meses; los mismos tres que dimos 8 presentaciones en los 2 días que duró el festival (originalmente iba a durar 4, pero el huracán Rina tenía otros planes). Contamos también con música original hecha por Roberto Valentin Ramirez Sayavedra, músico queretano, y el apoyo de un gran equipo de producción del Festival, para quienes no tengo más que palabras de agradecimiento por su disposición y compromiso.

Debo decir, y con confeso desconocimiento, que este año ha sido de procesos tortuosos de trabajo, así que este no fue la excepción. Y por tortuoso me refiero a los recurrentes momentos en que una vez que crees identificar el rumbo de lo que estás haciendo, te descubres más perdido que al inicio, así que, o lo dejas o la sigues regando; y a manera de anécdota, cuando llevas proyectos paralelos que comparten esta condición, los días pueden ser muy largos e improductivos. O dicho de otro modo, seguí regándola en todos mis proyectos.

Esta obra se replanteó unas 3 veces, nuestra primera propuesta tuvo cambios drásticos que dieron paso a la segunda, que a su vez, con modificaciones importantes en movimientos e intención, dio paso a una tercera en donde pudimos ir afinando detalles, la trama inicial se mantuvo durante todas las transformaciones: La muerte viene al mundo por una niña para que le enseñe a jugar, la niña eventualmente deja su cuerpo y se va con la muerte. En este proyecto tuve además la suerte de comprobar un aspecto importante en mi carrera: mi falta de talento para escribir dramaturgia infantil.

Pero siguiendo con lo importante, este proyecto me dio la satisfacción de construir algo en conjunto, donde la puesta en escena funciona como un todo: mi personaje, la muerte, no tiene razón de ser dentro de la obra sin las niñas, sus conflictos y necesidades carecen de sentido sin su coreografía y viceversa. Esta complementación de los elementos se escribe y se dice muy a menudo, (no se trata de ningún hilo negro) a veces con una cotidianeidad tal, que si se apela genuinamente a la inocencia a la hora de ver muchos de este tipo de proyectos “interdisciplinarios”, uno podría salir bastante sorprendido, y no precisamente para bien. La mezcla por la mezcla es incapaz de homogeneizar cualquier cosa, para ser más concreto: si no tengo una necesidad escénica (estética, dramatúrgica, corporal…) de coreografiar las palabras de un personaje o el azar de una circunstancia que otro texto anticipa, no vale la pena intentarlo, no funcionará.

No pretendo entrar en la discusión sobre las ventajas y desventajas de aproximaciones escénicas multidisciplinarias, tema que aunque me interesa, no nos ocupa en esta ocasión. Lo que busco compartir es esta satisfacción de haber comprobado de primera mano la fragilidad del teatro como práctica unilateral, fragilidad que irónicamente se puede representar con determinación en la mezcla forzada de elementos escénicos que en varias ocasiones he tenido la oportunidad de ver, donde los artistas están más pendientes de preservar la dispersión del espectador que de otra cosa.

Hablar de todo nuestro proceso de trabajo sería, además de tedioso, falso, puesto que como he dicho antes, este proyecto se hizo en conjunto desde su concepción, e incluso si se agregaran aquí las perspectivas del resto del equipo, la retrospectiva buscaría inevitablemente el camino más corto hasta el presente, y debo decir que se divagó bastante.

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El escenario estaba rodeado de distracciones: gente pasando, talleres, bullicio… lo cual planteaba dos circunstancias determinantes: el espectador decidía si ver o no, en parte o completo, y de optar por verlo, tenía que poner de su parte para mantener la atención sobre el resto de los elementos; y el escenario tenía 4 frentes que administrábamos durante la función, así que muy probablemente quienes decidieron verlo completo también se perdieron cosas. ¿Por qué destaco esto? porque me parece un ejemplo muy concreto de la necesidad escénica del silencio, no en su plano literal de la ausencia de sonidos, sino en su faceta más introspectiva: no importa que tan a la intemperie pueda estar una puesta en escena, siempre buscará romper con la inercia humana. Y eso fue lo que buscamos hacer en cada función: captar una mirada, detener una rutina, empatar con una consciencia, en síntesis, involucrar a la gente en nuestro ritmo escénico, hacerlos partícipes de nuestra ficción sabiendo de antemano que sería algo fugaz y anónimo.

Por último, me gustaría agregar que como los textos, uno siempre es incapaz de terminar su puesta en escena. Así que por mi parte sólo espero haber logrado acercarme a la muerte como representación antropomórfica y reiterar que de retomar este proyecto en el futuro, no podrá ser igual, más allá del meticuloso proceso de preparación para lo indeterminado. O por decirlo metafóricamente: el infinito trabajo de desempañar un espejo a oscuras.

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Acerca de Danielalgorozpe

Actor y Escritor. Editor en jefe de TrafficOnStage un blog para la promoción, crítica y difusión del teatro independiente.// Actor & Writer. Editor in Chief of TrafficOnStage, a blog for the theatre arts. Ver todas las entradas de Danielalgorozpe

Una respuesta to “La muerte niña”

  • Víc Vader Azpeitia

    Buena coalición de complejidades han experimentado como equipo Buen Bro, destacable -sin lugar a la menor duda- el compromiso cabal con la propuesta a la que gestación Ustedes dieron, rescato este punto que a todas luces brilla debajo de la aparente proclividad a “regarla”.

    En definitiva mis respetos por ese trabajo y también por la capacidad tan importante del puntual y cabal análisis retrospectivo. A veces se encuentra uno ante la dificil tarea de entablar una conversación mínimamente inteligente cuando el interlocutor pretende entregar su atención a satisfactores inmediatos de bajo coste (léase “rosquillas” y “cerveza Duff”), por insulsos que estos nos puedan parecer. Los lenguajes no son siempre adecuados bajo diversas circunstancias, en el arte como en otros ámbitos la mercadotecnia en la vendimia de ideas termina siendo algo importante a considerar.

    Siga Usted mi Buen Amigo, con esa senda de IMPECABLE trabajo, compromiso e intencionalidad en el mensaje. Seguro estas tu como yo de que todo este proceso servirá para apuntalar un muy merecido y sin duda cercano éxito en los diversos proyectos de Vuestras Vidas.

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